Aikido Manacor

Aquest diari ha estat fet per donar a coneixer el nostre grup d'Aikido. Desde 1977 en que en Pierre Tripod el va introduir a Manacor, mai no hem deixat de practicar. Actualment seguim l'ensenyament d'en Gérard Blaize, 7è Dan Aikikai, 7è Dan de Jodo, 5è Dan de Masakatsu Bo Jutsu. En Gérard va ser alumne d'Hikitsuchi Michio, 10è Dan atorgat per O Sensei, del que seguia l'ensenyament.

Carta de Tamura Sensei

aikido | 30 Novembre, 2013 19:12 |

Nobuyoshi Tamura (1933-2010), va ser un dels mes grans mestres d'aikido. Desde la seva arribada a França el 1964 és va dedicar a ensenyar i difondre l'art creat per O Sensei.

A continuació, vos reproduesc una carta que va esciure i fer pública pocs abans de morir. Està en castellà tal com la vaig rebre. 

CARTA DE NOBUYOSHI TAMURA SOBRE SALUD Y ENFERMEDAD A PROPOSITO DE SU CONVALECENCIA.

(Publicado el 8 de Julio de 2010 por Sensei)

"Yo quería excusarme ante vosotros de lo acontecido en la primavera de este año, cuando la enfermedad me tenía postrado y pediros que me perdonéis por no haber podido dirigir los cursos programados. Os agradezco muy vivamente vuestro interés hacia mi persona y todas vuestras atenciones.

Voy a intentar explicar mi actitud en el curso de esta enfermedad, actitud que ha podido hacer pensar a muchos que estoy en contra de la medicina o de los médicos, en contra de los medicamentos u otros productos semejantes.

El que yo no quería ir al hospital, no tome medicinas o rehuse a las inyecciones, no quiere decir que esté en contra de los cuidados, muy al contrario. Algunos amigos médicos, practicantes de Aikido, han podido a su criterio, durante este período, auscultarme, aconsejarme, aplicarme acupuntura y hacerme beber infusiones diversas.

Dicho esto, querría tratar con vosotros sobre la enfermedad en general.

Muchas personas hacen responsables de la enfermedad al frío, al calor, a los microbios, los accidentes, la fatiga, la mala nutrición, un sistema de vida desarreglado, la agitación mental, la herencia, etc… En realidad, el responsable verdadero de la enfermedad no hay que buscarlo entre estas escusas, el responsable es uno mismo. De igual manera que en Aikido el ataque adverso no puede alcanzarnos nada más que si dejáis una abertura en vuestra guardia, de la misma forma la enfermedad os invadirá nada más que cuando estéis débiles u ofrezcáis un punto de debilidad.

Debemos pues, cada día, en este dominio, como en el Aikido, estar vigilantes; disciplina alimenticia, plan de vida, relajación, firmeza mental, ni exceso ni defecto de ejercicio, saber conservar un equilibrio constante entre el cuerpo y el espíritu. En consecuencia hay que, todos los días de la vida, actuar así y no solamente durante el periodo en el que el mal te afecta, pues entonces es demasiado tarde. Para ilustrar mi pensamiento, os citaré un dicho japonés: “no es ya tiempo de tensar la cuerda que ate al ladrón, si ella no lo está ya antes de la captura del ladrón”.

Hay que estar siempre prestos, única condición para la tranquilidad. Desgraciadamente el hombre comete errores. En la sociedad un error está sancionado. en nuestra propia vida el error está castigado con la enfermedad. Por consecuencia, se puede decir que enfermedad es la señal del error. Esto quiere decir que estáis equivocados, pero todavía hay posibilidad de restablecimiento. Pequeña falta: pequeño aviso (fiebre, dolor de cabeza, fatiga, etc…), falta grave: convalecencia en la cama.

El aviso está comprendido si nosotros sabemos dar prueba de humildad y reconocemos los errores, entonces es posible recuperar con rapidez la salud. Desgraciadamente no actuamos a menudo así. Preferimos continuar con nuestras costumbres o remediar el mal con medicamentos de choque (manera de esquivar el mal), matando los microbios con antibióticos o las células enfermas con radiaciones, o bien gracias a la cirugía.

¿Creéis entonces que hemos reconstruidos nuestras defensas? Yo dejo a vuestra reflexión la imagen siguiente: “si un enemigo destruye la puerta de la fortaleza, aunque haya muerto el enemigo, la puerta queda destruida y es paso abierto, la fortaleza es pues accesible”.

Otro aspecto de la enfermedad es el dolor. Yo quería hablaros igualmente del dolor.
La reacción normal es hacer frente al dolor lo más rápidamente posible con medicinas. Sin embargo existe en la naturaleza, incluso en los materiales sólidos, una fuerza de enderezamiento, por ejemplo la rama doblada que tiene tendencia a volver a la posición primitiva. El cuerpo posee esta fuerza reequilibradora. El dolor le dobla, le rompe en dos, la fiebre le tortura, su fuerza de enderezamiento lo vuelve a levantar.

Si al contrario, vosotros matáis esa fuerza de enderezamiento, sino la mantenéis muy viva, corréis el riesgo de quedar rotos, de no volver a recuperar vuestra salud. Así yo mismo, durante mi enfermedad, sufrí dolores muy violentos. También durante mucho tiempo luché contra este dolor y volví a sentir aún más violentamente esos dolores, hasta el día en que, al borde de mi resistencia tanto física como mental, yo me abandoné al dolor. Ese día al mismo tiempo que se producía este relajamiento, que yo alcanzaba ese estado de no resistencia, el dolor se fué atenuando y desapareciendo. Curiosamente, por breves instantes, el verde de los árboles llegó a ser, ante mi ventana, más bello. Esa sensación está todavía muy viva en mi. Si este dolor hubiera llegado a ser más violento, el desvanecimiento es una protección natural. Es inútil inquietarse, hay que aprender a aceptar, a tener confianza en vosotros mismos. La enfermedad es pues una experiencia. La salud es el silencio de los órganos. Ellos trabajan en secreto y por eso mismo los olvidamos muy fácilmente, quizás debiéramos dar gracias a la enfermedad que viene a tocar la campana de alarma. ¿No sería la enfermedad una huelga de los órganos descontentos por el trato que los damos?. En cada uno de los órganos, aún siendo una pequeña parte del cuerpo, al examinarlos podemos entender como colaboran a la marcha del conjunto.

Igualmente en cada célula podemos ver reflejado el cuerpo entero. De haí esas ciencias que a partir de ciertos órganos como el ojo o la oreja, pueden diagnosticar y tratar desequilibrios generales. Lo mismo que ocurre con el espíritu. Un hombre no es un cuerpo y un alma separados, sino al contrario, la unión estrecha de un cuerpo y un alma.

La unificación de todas las partes del cuerpo es necesaria para el buen funcionamiento del cuerpo. ¿No es lo que nos enseña el Aikido y lo que debemos aprender?. Un pequeño desequilibrio en la salud puede traer graves consecuencias. En la práctica de las artes marciales, un pequeño desequilibrio puede conducir a la muerte. Nosotros somos pues los responsables. Es por lo que, en mi caso personal, yo soy el único responsable, y no los microbios u otras causas. La enfermedad demuestra que el Aikido enseña que en un 99% de las situaciones adversas, en tanto dure la situación, es posible tomar las riendas y enderezarlas.

Yo advierto que este don no se adquiere más que con trabajo constante y una vigilancia sin fallo. Pero nosotros al mostrarnos indifirentes permitímos que salte la alarma. Este aviso debe ser utilizado para descubrir las causas de nuestra debilidad y saber remediarlas, y esto debe ser así tanto en la vida como en el dojo. Es por este motivo que no debemos rechazar la enfermedad o el desmayo, sino aceptarlo para intentar mejorarnos.

La causa del mal puede ser antigua, remontarse a muchos años atrás. Puede ser una picadura o un golpe el que puede acarrear el mal. Incluso si la fiebre baja el dolor remite, las causas profundas todavía no han sido resueltas. Si las causas son antiguas, es normal que sean necesarios varios años de cuidados para atenderlas adecuadamente. Tal es mi razonamiento para la aceptación de la enfermedad y mi lucha en consecuencia. Pero si el hombre dispone de un 99% de su destino, creo que un 1% de este porvenir se le escapa; este 1% puede que esté en manos de Dios. ¿Jugará Él a su favor o en su contra?. Cada hombre tiene, sin duda, una misión que cumplir. Por ejemplo: ¿O Sensei debía darnos el Aikido?, ¿mi misión es traeros este Aikido?. Sí, si Dios nos aporta este 1% necesario. En caso negativo este 1% nos faltará y quizás muramos, pero es Dios quien decidirá. En ese caso ¿para qué la angustia?, no depende de nosotros.

Tal es mi pensamiento profundo, Os pido que no hagáis nada por mí. Yo me he aprovechado de esta enfermedad para hacerme cuidad, hacerme mimar, para descansar, he abusado de vuestra amistad."


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